Para ser artista de performance, hay que odiar el teatro. El teatro es falso... El cuchillo no es real, la sangre no es real y las emociones no son reales. La actuación es todo lo contrario: el cuchillo es real, la sangre es real y las emociones son reales.
(To be a performance artist, you have to hate theatre. Theatre is fake... The knife is not real, the blood is not real, and the emotions are not real. Performance is just the opposite: the knife is real, the blood is real, and the emotions are real.)
Esta cita resalta la dicotomía entre el teatro tradicional y el arte escénico. Mientras que el teatro a menudo tiene como objetivo crear ilusiones y entretener, el arte escénico enfatiza la autenticidad y la emoción cruda. El creador sugiere que la verdadera actuación implica afrontar riesgos reales y sentimientos genuinos, rompiendo con representaciones superficiales. Desafía las percepciones de la realidad en el arte, enfatizando que una actuación impactante exige vulnerabilidad y sinceridad, incluso si implica peligro o incomodidad. La perspectiva nos invita a reconsiderar lo que valoramos en el arte (ilusión o verdad) y subraya la importancia de la experiencia humana auténtica como elemento central de una actuación impactante.