Cuando era niño quería ser escritor porque los escritores eran ricos y famosos. Se descansaron alrededor de Singapur y Rangoon fumando opio con un traje de seda de ponee amarillo. Olfaron cocaína en Mayfair y penetraron en los pantanos prohibidos con un niño nativo fiel y vivieron en el cuarto nativo de Tánger Smoking Hashish y acariciando lánguilmente a una gacela de mascotas.

(As a young child I wanted to be a writer because writers were rich and famous. They lounged around Singapore and Rangoon smoking opium in a yellow pongee silk suit. They sniffed cocaine in Mayfair and they penetrated forbidden swamps with a faithful native boy and lived in the native quarter of Tangier smoking hashish and languidly caressing a pet gazelle.)

por William S. Burroughs
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Cuando era niño, el encanto de convertirse en escritor me cautivó, impulsado por la percepción de que los escritores vivían vidas glamorosas llenas de riqueza y fama. Los imaginé que residían en lugares exóticos como Singapur y Rangoon, disfrutando del opio mientras adornaban con lujosos trajes de seda. La imagen pintó un estilo de vida de decadencia y aventura, participando en actividades que se sentían emocionantes prohibidas.

Esta vista romántica se extendió a escenas en Mayfair y Tánger, donde los escritores se representaban como figuras atrevidas que participaban en sustancias como la cocaína y el hachís, explorando territorios desconocidos y formando profundas conexiones con la cultura local. La fantasía de la vida de un escritor no se trataba solo de la creación, sino también de vivir una vida rica en experiencias y la compañía de compañeros únicos, contribuyendo a una visión atractiva de la existencia artística.

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enero 25, 2025

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