Los capítulos iniciales de la Biblia, Génesis 1 y 2, detallan la creación inicial del mundo, mientras que los capítulos finales, Apocalipsis 21 y 22, representan una recreación futura. Esta estructura enfatiza un plan divino que comienza con la creación y culmina en la renovación, destacando la continuidad de la obra de Dios a lo largo de las Escrituras.
Randy Alcorn señala que la narrativa bíblica está enmarcada por estos temas significativos de creación y recreación, subrayando la importancia de los comienzos y finales en el contexto de la fe y el destino eterno de la humanidad. Esta conexión revela verdades teológicas más profundas sobre las intenciones de Dios para el mundo y su restauración final.