Es bastante difícil decidir cuándo las personas son mayores", se rió Ana. "Esa es una palabra cierta, querida. Algunos son mayores cuando nacen y otros no son mayores cuando tienen ochenta años, créanme. Esa misma señora Roderick de la que hablaba nunca creció. Era tan tonta cuando tenía cien años como cuando tenía diez. -Tal vez por eso vivió tanto -sugirió Ana.
(It's rather hard to decide just when people are grown up,' laughed Anne.'That's a true word, dearie. Some are grown up when they're born, and others ain't grown up when they're eighty, believe me. That same Mrs. Roderick I was speaking of never grew up. She was as foolish when she was hundred as when she was ten.''Perhaps that was why she lived so long,' suggested Anne.)
En "La casa de los sueños de Anne", Anne reflexiona sobre el concepto de madurez y bromea diciendo que determinar cuándo alguien se convierte en adulto es un desafío. Ella comparte sus pensamientos con una amiga y señala que algunas personas parecen maduras desde el nacimiento, mientras que otras siguen siendo infantiles hasta la vejez. Esta observación resalta la idea de que la edad no necesariamente equivale a sabiduría o madurez.
Luego, Anne presenta el ejemplo de la señora Roderick, quien, a pesar de su avanzada edad, conservó una necedad juvenil durante toda su vida. Esta conversación sugiere que quizás su naturaleza caprichosa contribuyó a su longevidad. A través de este diálogo, el autor explora los matices del crecimiento y las distintas formas en que las personas se relacionan con la vida a diferentes edades.