Un filósofo de la vida debe utilizar siempre la pluma porque no tiene derecho a que se desperdicien sus pensamientos. De lo contrario se convierte en un pensador inofensivo, como un león que ha perdido sus colmillos, y no hay nada peor que un león obligado a seguir un régimen vegetariano.
(A philosopher of life must always use the pen because he has no right for his thoughts to be wasted. Otherwise it becomes a harmless thinker, like a lion who has lost his fangs, and there is no worse than a lion forced to vegetarian regime.)
En "Ya nadie llora por mí", el autor Sergio Ramírez reflexiona sobre la importancia de expresar pensamientos e ideas. Sostiene que un filósofo tiene el deber de escribir, ya que no hacerlo da como resultado conocimientos desperdiciados. Sin la capacidad de comunicarse, un pensador se vuelve ineficaz, como un león despojado de su poder natural. Estas imágenes resaltan la necesidad de articulación para una existencia significativa.
Ramírez sugiere además que un filósofo que no comparte su conocimiento tiene un propósito disminuido, similar a un león alguna vez poderoso obligado a una existencia antinatural, desprovisto de sus instintos primarios. Para él, el acto de escribir es esencial para que un filósofo mantenga su identidad e influencia en el mundo, reforzando la idea de que los pensamientos deben compartirse para que tengan valor e impacto.