Joseph se acercaba a mí ocasionalmente, de la misma manera que el desierto florece una flor de vez en cuando. Te acostumbras tanto a las sutilezas de Beige y Brown, y luego una amapola amarilla del sol estalla del brazo de una perilla. Cómo amaba esos momentos de flores, como cuando señaló la Luna y Júpiter, pero eran raros y nunca esperaban.
(Joseph would reach out to me occasionally, the same way the desert blooms a flower every now and then. You get so used to the subtleties of beige and brown, and then a sunshine-yellow poppy bursts from the arm of a prickly pear. How I loved those flower moments, like when he pointed out the moon and Jupiter, but they were rare, and never to be expected.)
El narrador reflexiona sobre su conexión esporádica con Joseph, comparándola con la infrecuente flores de flores en un paisaje desértico. Así como el desierto puede parecer aburrido con sus tonos de beige y marrón, los ocasionales gestos de calidez de Joseph se destacan como una flor brillante en medio del terreno seco. Estos momentos traen alegría y aprecio, celebrando la belleza en su rareza.
La comparación se extiende a experiencias compartidas, como admirar la Luna y Júpiter, enfatizando cómo estos preciados encuentros son tesoros inesperados. Crean una resonancia emocional que contrasta profundamente con los aspectos mundanos de la vida, lo que hace que cada interacción sea memorable y preciosa.