Un sacerdote es un funcionario de tipo social. La sociedad adora a ciertas deidades de cierta manera, y el sacerdote es ordenado funcionario para llevar a cabo ese ritual. La deidad a la que es devoto es una deidad que estaba allí antes de que él apareciera. Pero los poderes del chamán están simbolizados en sus propios familiares, deidades de su propia experiencia personal. Su autoridad surge de una experiencia psicológica, no de una ordenación social.
(A priest is a functionary of a social sort. The society worships certain deities in a certain way, and the priest becomes ordained as a functionary to carry out that ritual. The deity to whom he is devoted is a deity that was there before he came along. But the shaman's powers are symbolized in his own familiars, deities of his own personal experience. His authority comes out of a psychological experience, not a social ordination.)
Esta cita diferencia profundamente entre dos roles espirituales, el sacerdote y el chamán, destacando la fuente de su autoridad y su relación con lo divino. Los sacerdotes están ubicados dentro del marco de las estructuras sociales; su papel surge principalmente de la validación comunitaria y la ordenación formal. Realizan rituales dedicados a deidades que existen dentro de un contexto cultural o religioso compartido, enfatizando la estabilidad, la tradición y la identidad colectiva. Por otro lado, los chamanes obtienen su poder espiritual de experiencias psicológicas personales, que a menudo implican encuentros profundamente íntimos con sus propios "familiares" o deidades personalizadas. Esto refleja un enfoque más subjetivo, quizás incluso existencial, de la espiritualidad, donde la autoridad del chamán es interna e individual en lugar de impuesta externamente.
La distinción subraya temas importantes sobre la naturaleza de la espiritualidad y la religión. Mientras que el sacerdote representa la expresión codificada e institucionalizada de la fe, el chamán ilustra los aspectos experienciales y transformadores de la experiencia religiosa personal. También invita a reflexionar sobre la dinámica entre el orden comunitario y la exploración individual dentro de la vida espiritual. La conexión del chamán con la divinidad es fluida, evoluciona y está profundamente entrelazada con la identidad personal y los procesos psicológicos, en contraste con la presencia duradera y comunitaria de la deidad del sacerdote.
Esta perspectiva fomenta una apreciación más amplia de las prácticas religiosas y nos desafía a considerar cómo la autoridad espiritual puede surgir no sólo del respaldo social sino de viajes psicológicos internos. La visión de Joseph Campbell nos invita a reconocer los diversos caminos hacia la experiencia sagrada y valorar tanto los rituales sociales que unen a las comunidades como los encuentros personales que definen el significado individual.