Como el miedo inicial disminuye, una calidad nueva e inquietante comienza a surgir dentro del personaje. Esta transformación está marcada por un desapego escalofriante que contrasta bruscamente con sus emociones anteriores. El observador señala una profunda frialdad, similar a un vacío que emana desde un espacio desprovisto de vida, enfatizando la ausencia de calidez marcada en sus interacciones. Este cambio plantea una sensación de temor en él cuando se da cuenta de que su silencio e inacción dicen mucho, insinuando una desconexión más profunda.
El retiro de la niña, expresado a través de sus palabras, "en algún otro momento", simboliza su creciente desconexión y distancia emocional. A medida que se aleja, subraya un cambio significativo en su personalidad, pasando de miedo a una calma inquietante que deja al observador perturbado. Este momento encapsula la compleja interacción entre la emoción y la alienación, lo que sugiere un dilema existencial más profundo que resuena a lo largo de la narración.