El protagonista experimenta un profundo sentido de aversión hacia los métodos educativos que priorizan la conformidad sobre el aprendizaje genuino. El sistema escolar está más enfocado en dar forma a los estudiantes para que se ajusten a un molde cultural predeterminado en lugar de inspirar el verdadero conocimiento o el pensamiento crítico. Este enfoque parece restrictivo y contrario a sus creencias personales, ya que tiene como objetivo perpetuar las normas culturales establecidas al suprimir la individualidad y las perspectivas únicas.
Esta visión crítica destaca una tensión entre la educación tradicional y la necesidad de crecimiento personal. En lugar de alentar la exploración y la creatividad, la institución busca mantener el status quo eliminando cualquier rasgo que pueda llevar a los estudiantes lejos de la narrativa cultural establecida. En este contexto, el protagonista se siente alienado, atrapado entre el deseo de comprensión y las barreras sistémicas que priorizan la uniformidad sobre la libertad intelectual.