En la narrativa, Jack observa un conflicto entre la mentalidad colectiva de la escuela y las experiencias individuales de sus estudiantes. La institución ejerce una influencia y poder significativos, dictando respuestas al comportamiento que se desvía de sus normas. Cuando un niño no se ajusta, es etiquetado como autista y se considera que tiene una percepción alterada de la realidad, lo que lleva a consecuencias que lo excluyen del entorno escolar.
Esta expulsión significa un problema más amplio en el que el sistema escolar busca administrar a aquellos que no encajan en su molde, relegándolos a instituciones alternativas como Camp Ben-Gurion. Allí, el enfoque cambia de la educación a la rehabilitación, lo que sugiere que ciertos estudiantes son vistos como problemas en lugar de alumnos potenciales, enfatizando aún más las actitudes prevalecientes hacia la salud mental y la educación en este contexto.