Pero para ella estaba igualmente claro que ese era su destino, que había pronunciado su nombre y había llegado a ella, y ahora no podía hacer nada más que poseerlo.
(But it was equally clear to her that this was her fate, that she had called its name and it had come to her, and she could do nothing now but own it.)
En el cuento "Rose Daughter" de Robin McKinley, la protagonista llega a una profunda comprensión de su destino. Ella entiende que su situación actual no es simplemente una coincidencia sino un resultado inevitable que, en cierto sentido, ha invocado en su vida. Este reconocimiento significa un punto de inflexión para ella, ya que ahora reconoce que debe aceptar y abrazar el camino que se le presenta.
Esta aceptación de su destino conlleva un peso de responsabilidad, lo que sugiere que, si bien puede sentirse atrapada por sus circunstancias, también existe una sensación de empoderamiento al reconocer su papel en hacerlas realidad. A través de este viaje de autodescubrimiento, aprende a asumir sus decisiones y las consecuencias que siguen, lo que en última instancia la lleva hacia el crecimiento y la aceptación.