El perdón lleva tiempo. Es el último paso del proceso de duelo.
(Forgiveness takes time. It is the last step of the grieving process.)
El proceso de perdón a menudo se malinterpreta como una resolución rápida del dolor o la ira, pero en realidad requiere paciencia, comprensión y fuerza interior. Cuando experimentamos una pérdida, una traición o una profunda decepción, es necesario reconocer y procesar nuestras heridas emocionales. Apresurarnos a perdonar a veces puede disminuir la importancia de nuestros sentimientos o hacer que el resentimiento no resuelto se encone bajo la superficie. Reconocer que el perdón es un viaje permite a las personas darse gracia a sí mismas mientras navegan a través de emociones complejas, liberando gradualmente cargas que ya no sirven a su bienestar. La idea de que el perdón es el paso final en el duelo enfatiza su papel como culminación de la curación: una vez que alguien ha llorado su pérdida, aceptado su dolor y atravesado etapas de recuperación emocional, entonces se puede lograr genuinamente el perdón. Esta perspectiva fomenta la compasión hacia uno mismo, reconociendo que la curación es lineal y personal. También subraya la importancia del momento: no existe un calendario establecido para el perdón y, a menudo, se desarrolla cuando el individuo se siente preparado. Aceptar este proceso puede conducir a una reconciliación genuina, paz interior y libertad emocional. Fomenta la paciencia tanto con uno mismo como con los demás, permitiendo que se produzca una curación genuina sin forzar una resolución prematura. Comprender el perdón en el contexto del duelo resalta su importancia no sólo como un acto de bondad hacia los demás sino como un componente vital del crecimiento personal y la salud emocional.