No aprecié Brooklyn hasta que lo dejé.
(I didn't appreciate Brooklyn until I left it.)
Esta cita destaca la tendencia humana común a dar por sentado lo que nos resulta familiar y cómodo. A menudo, cuando nos alejamos de nuestros lugares de origen o de nuestros entornos rutinarios, comenzamos a ver su verdadero valor y encanto. Sirve como un recordatorio para apreciar los lugares y las personas cercanas a nosotros antes de que se conviertan en recuerdos lejanos. Aceptar nuestras raíces puede fomentar la gratitud y una conexión más profunda con nuestra comunidad.