No soy un jugador perfecto.
(I'm not a perfect player.)
Reconocer la imperfección es un signo de humildad y autoconciencia. Nos recuerda que nadie es perfecto y que el crecimiento a menudo surge del reconocimiento de nuestras propias deficiencias. Adoptar esta mentalidad nos permite centrarnos en la mejora continua en lugar de la perfección, lo que puede ser a la vez motivador y liberador. Fomenta la resiliencia, ya que los reveses se consideran parte del proceso de aprendizaje, y fomenta la autenticidad en nuestras actividades.