Me enseñaron que el dolor es malo.
(I was taught that pain is bad.)
Esta cita incita a reflexionar sobre cuántos de nosotros hemos sido condicionados a ver el dolor como algo puramente negativo. Sin embargo, el dolor puede servir como una señal vital que impulsa el crecimiento, la curación y el cambio. Aceptar el malestar en lugar de temerlo puede conducir a la resiliencia y a una comprensión más profunda de uno mismo. Reconocer que el dolor no es inherentemente malo nos permite aceptarlo como parte del proceso natural de la vida y como una oportunidad de transformación.