Ahora no es el momento de dejar de desafiarnos a nosotros mismos para lograr cambios sustanciales para mejorar. Tenemos la oportunidad de elevar el listón en el mundo religioso forjando una cultura en la que la inclusión, la diversidad y la igualdad son primordiales.
(Now is not the time for us to shy away from challenging ourselves to make substantive change for the better. We have the opportunity to raise the bar in the faith-based world by forging a culture in which inclusivity, diversity, and equality are paramount.)
Esta cita subraya un momento crucial para que las comunidades y organizaciones religiosas adopten la transformación y el progreso. En una era en la que las normas sociales se inclinan cada vez más hacia la inclusión y la justicia social, los grupos religiosos y de fe están llamados a predicar con el ejemplo. El énfasis en desafiarse a uno mismo significa un despertar colectivo para enfrentar prejuicios de larga data y barreras sistémicas que históricamente pueden haber obstaculizado la diversidad y la igualdad dentro de estas comunidades. Reconoce que el cambio suele ser difícil y exige valentía, pero también destaca que el contexto actual brinda una oportunidad única para elevar los estándares y cultivar un entorno donde las diferencias se celebran y valoran.
Además, fomentar una cultura inclusiva y diversa dentro de entornos religiosos puede mejorar su relevancia e impacto en la sociedad contemporánea. Fomenta el diálogo abierto, el respeto mutuo y la comprensión entre personas de diversos orígenes. Al priorizar la igualdad, estas comunidades pueden convertirse en modelos de armonía social, demostrando que la fe y el amor son fundamentalmente inclusivos.
La idea de elevar el listón empuja a la comunidad a no conformarse con diferencias superficiales o gestos simbólicos, sino a implementar reformas significativas y sustantivas que aborden los problemas de raíz. Esto requiere introspección, humildad y voluntad de evolucionar. En última instancia, estos esfuerzos pueden conducir a una comunidad más compasiva, equitativa y vibrante, donde cada individuo se sienta valorado y visto, alineando la práctica con los principios espirituales fundamentales de amor, justicia y bondad.