Hay tres constantes en la vida... cambio, elección y principios.
(There are three constants in life... change, choice and principles.)
Esta cita de Stephen Covey resume algunas de las verdades más fundamentales sobre la existencia humana. Subraya que, si bien la vida suele ser impredecible y fluida, hay elementos que se mantienen firmes: el cambio, las elecciones y los principios. En primer lugar, el cambio es inevitable y persistente. Todo lo que nos rodea evoluciona: las circunstancias, las relaciones, la tecnología e incluso nuestro mundo interno. Aceptar el cambio en lugar de resistirlo es la piedra angular de la adaptabilidad y el crecimiento. En segundo lugar, la elección representa nuestro poder y responsabilidad como individuos. A pesar de los cambios externos, siempre tenemos capacidad de decisión para tomar decisiones que dan forma al curso de nuestras vidas. Este énfasis en la elección nos recuerda que somos participantes activos, no meros espectadores, en el viaje de la vida. Por último, los principios sirven como brújula moral y ética que guía esas decisiones. Proporcionan estabilidad y coherencia, arraigándonos en medio del flujo de cambios. Los principios reflejan nuestros valores y carácter más profundos e influyen en cómo respondemos a los desafíos y oportunidades de la vida. Encuentro esta tríada maravillosamente circular: el cambio exige opciones; las elecciones deben basarse en principios; Los principios pueden adaptarse o profundizarse a medida que encontramos nuevas experiencias a través del cambio. La visión de Covey fomenta la reflexión sobre cómo mantener la integridad y al mismo tiempo aceptar el dinamismo de la vida. Nos invita a cultivar la resiliencia anclándonos en principios duraderos, a considerar las opciones como un privilegio y una responsabilidad, y a acoger el cambio como un catalizador para el aprendizaje y la superación personal continuos. En última instancia, estas constantes son un recordatorio de que la vida no se trata de escapar del cambio o absolver responsabilidades, sino de armonizarlos con valores inquebrantables.