No hay nadie que diga a los ricos que sigan esforzándose, porque un hombre rico dicta la ley que santifica y vacía su propia vida.
(There is none to tell the rich to go on striving, for a rich man makes the law that hallows and hollows his own life.)
Esta cita destaca la naturaleza que se perpetúa a sí misma de la riqueza y el poder. Sugiere que los ricos son a menudo los arquitectos de sus propias reglas, que pueden al mismo tiempo elevarlos y atraparlos. La idea de que no hay nadie que aconseje a los ricos que desaceleren o reflexionen enfatiza un ciclo en el que el éxito material puede conducir al interés propio, potencialmente a expensas del bienestar social más amplio. Incita a reflexionar sobre las responsabilidades morales que conlleva la riqueza y los efectos aislantes del privilegio. En última instancia, exige conciencia de cómo el beneficio personal puede moldear las leyes y los valores, creando a menudo un círculo cerrado que influye tanto en las vidas individuales como en las estructuras sociales.