En el pasado, podías tener un concierto de mierda y nadie te filmaría. Ahora todo el mundo tiene un iPhone: tienes un mal día y todo está en Internet.
(Back in the day, you could have a crap gig, and nobody would film you. Now, everybody's got an iPhone - you have a bad day, and it's going on the Internet.)
Esta cita destaca el profundo impacto de la tecnología, en particular los teléfonos inteligentes y las redes sociales, en nuestra vida personal y profesional. En épocas anteriores, los errores o el desempeño deficiente en el trabajo o en momentos personales a menudo pasaban desapercibidos o permanecían en privado. La gente podría tener días libres sin que el mundo se enterara al instante. Sin embargo, con la llegada de los teléfonos inteligentes equipados con capacidades de grabación, cada momento potencialmente se vuelve público. Este cambio tiene implicaciones tanto positivas como negativas. Por un lado, democratiza la creación de contenido, permitiendo que cualquiera comparta sus historias, talentos u opiniones sin necesidad de los canales de medios tradicionales. Por otro lado, intensifica la importancia de cada acción, ya que los pasos en falso pueden difundirse rápida y ampliamente, lo que a menudo conduce a situaciones embarazosas, daños a la reputación o consecuencias sociales. Esta dinámica fomenta una cultura en la que las personas pueden ser más cautelosas o ansiosas con respecto a su comportamiento, sabiendo que sus acciones pueden registrarse y compartirse en cualquier momento. Para los artistas, intérpretes o profesionales, aumenta la apuesta por mantener una calidad y una conducta constantes. Para la gente común, subraya la importancia de la conciencia y la responsabilidad en la era digital. La cita resume cómo los avances tecnológicos han cambiado las normas sociales sobre la responsabilidad y la privacidad, ilustrando nuestra transición hacia un mundo donde la línea entre la vida pública y privada es más borrosa que nunca.