La civilización comenzó la primera vez que una persona enojada lanzó una palabra en lugar de una piedra.
(Civilization began the first time an angry person cast a word instead of a rock.)
Esta cita de Sigmund Freud destaca el profundo impacto de la comunicación y el poder que tienen las palabras en la configuración de la sociedad humana. Sugiere que la esencia de la civilización tiene sus raíces en nuestra capacidad para resolver conflictos mediante el habla en lugar de la violencia. Cuando los humanos decidieron por primera vez expresar su enojo o descontento a través de palabras, dieron un paso fundamental alejándose de la agresión primaria y acercándose al orden social. Esta transición significa el desarrollo del lenguaje, la empatía y el razonamiento, rasgos que permiten la cooperación y la coexistencia. Las palabras se convierten en herramientas no sólo para la expresión individual sino también para la construcción de comunidades, leyes y moral. El paso de la violencia física al intercambio verbal refleja un hito evolutivo en el que los humanos aprendieron a gestionar sus impulsos y a buscar comprensión en lugar de destrucción. Este acto de elegir las palabras en lugar de las armas encarna un aspecto fundamental de la civilidad y el progreso: reconocer que la comunicación es más poderosa que el combate. Además, subraya la importancia del diálogo y de formas más suaves de resolución de conflictos para mantener la armonía social. También alude a la fragilidad de la civilización; porque si el fundamento del orden social está arraigado en el lenguaje, entonces el lenguaje mismo debe ser cuidadosamente cultivado y valorado. En esencia, la cita de Freud encarna la idea de que el avance de la civilización está íntimamente relacionado con nuestra capacidad de comunicación controlada y significativa, convirtiendo impulsos potencialmente destructivos en innovaciones y vínculos sociales constructivos.