Si mueres, no eres un fracaso.
(If you die, you're not a failure.)
Esta cita nos recuerda que el fracaso a menudo se asocia con el resultado de nuestros esfuerzos, pero no define nuestro valor o identidad. Incluso ante la muerte o los reveses, nuestro valor intrínseco permanece y la vida tiene cualidades que van más allá del mero éxito o el fracaso. Adoptar esta perspectiva puede fomentar la resiliencia y reducir el miedo al fracaso, animándonos a asumir riesgos y vivir auténticamente sin el miedo paralizante al fracaso final. Es un reconfortante recordatorio de que la verdadera medida de una persona no está en los fracasos que encuentra, sino en su voluntad de continuar a pesar de los desafíos.