La inteligencia florece sólo en las épocas en que la fe se marchita.
(Intelligence flourishes only in the ages when belief withers.)
Esta cita de Emile M. Cioran nos invita a contemplar la relación entre creencia e inteligencia. Sugiere que el crecimiento intelectual y la creatividad genuinos tienden a ocurrir durante períodos en los que disminuye la fe incuestionable. Cuando las creencias están profundamente arraigadas y no se cuestionan, pueden servir como barreras para las nuevas ideas, el pensamiento crítico y la búsqueda de la verdad. Por el contrario, el escepticismo y la duda abren caminos para la investigación, la innovación y la comprensión. A lo largo de la historia de la humanidad, los descubrimientos transformadores y los avances filosóficos a menudo surgen en épocas marcadas por un declive del dogma o la superstición. Por ejemplo, períodos como la Ilustración celebraron la razón por encima de la tradición, lo que condujo a avances significativos en la ciencia, la filosofía y la gobernanza. Este concepto resuena con la comprensión de que un sistema de creencias rígido puede impedir que los individuos y las sociedades evolucionen intelectualmente. Sin embargo, hay un contraste matizado: cierto grado de creencia –ya sea en métodos científicos, principios morales o valores sociales– proporciona un marco necesario para funcionar dentro del mundo. Lograr un equilibrio en el que las creencias se mantengan provisionalmente y estén abiertas al escrutinio puede ser el entorno ideal para el florecimiento de la inteligencia. En la época contemporánea, fomentar una actitud de investigación abierta en lugar de certeza dogmática puede promover la innovación y una comprensión más profunda en diversos ámbitos. En última instancia, la visión de Cioran subraya la importancia del cuestionamiento, la duda y la reflexión crítica como catalizadores de la madurez y el progreso intelectual.