Era como si estuviéramos intercambiando códigos, sobre cómo ser padre y una hija, como lo habíamos leído en un manual, traducido de otro idioma y estábamos haciendo todo lo posible con lo que podíamos entender.
(It was like we were exchanging codes, on how to be a father and a daughter, like we'd read about it in a manual, translated from another language, and were doing our best with what we could understand.)
El pasaje citado del "La tristeza particular del pastel de limón" de Aimee Bender ilustra las complejidades de la relación padre-hija. Sugiere que sus interacciones se sintieron algo poco convencionales o extranjeras, como si estuvieran navegando a través de un manual que no estaba destinado originalmente a ellas. Esto refleja los desafíos de comprenderse mutuamente y los matices de sus roles.
Además, la metáfora de los códigos de intercambio enfatiza la noción de que las relaciones a menudo requieren esfuerzo e interpretación. Se representa a los personajes que se esfuerzan por comunicarse y conectarse, a pesar de los posibles malentendidos. Esto resalta el tema más amplio de los lazos familiares y las dificultades inherentes a conocerse verdaderamente.