En "The Man in the High Castle" de Philip K. Dick, la narrativa toca el tema de la artificialidad y el declive de los productos de consumo genuinos en un mundo formado por historias alternativas. La mención de materiales como plásticos, poliésteres y resinas enfatiza una sociedad principalmente que depende de artículos sintéticos y ersatz en lugar de bienes auténticos, lo que refleja una realidad distópica donde se pierde la esencia de la cultura del consumidor.
Este enfoque en materiales artificiales refleja preocupaciones más amplias sobre las consecuencias de la industrialización y la producción en masa. La falta de productos verdaderos sugiere una profunda desconexión de los valores de calidad y artesanía, destacando el vacío de un estilo de vida dominado por bienes fabricados sin importancia real.