El legislador debe ser amable, indulgente y humano. El legislador debe ser un hábil arquitecto que levante su edificio sobre el fundamento del amor propio, y el interés de todos debe ser producto del interés de cada uno.
(The lawgiver ought to be gentle, lenient and humane. The lawgiver ought to be a skilled architect who raises his building on the foundation of self-love, and the interest of all ought to be the product of the interests of each.)
Esta cita destaca la importancia de la compasión y la sabiduría al gobernar. Un legislador debe abordar su papel con amabilidad y comprensión, construyendo un sistema arraigado en el interés individual que, en última instancia, beneficie a la sociedad en su conjunto. Al diseñar leyes que alineen los incentivos personales con el bienestar colectivo, la gobernanza se vuelve más natural y efectiva. La metáfora del arquitecto subraya la importancia de una planificación cuidadosa y la integridad moral para crear una sociedad justa. Este enfoque aboga por leyes que no sólo sean autoritarias sino también humanas, que fomenten el respeto y promuevan la armonía entre los ciudadanos.