Lo único que es obsceno es la censura.
(The only thing that is obscene is censorship.)
La censura a menudo se percibe como una herramienta necesaria para mantener el orden social y proteger a las personas de contenidos dañinos u ofensivos. Sin embargo, esta cita desafía esa noción al sugerir que la censura en sí misma es la verdadera obscenidad. Destaca la paradoja de que al intentar proteger a la sociedad de ideas o expresiones "indeseables", podemos estar infringiendo libertades fundamentales como la libertad de expresión. Cuando la censura se utiliza de forma excesiva o arbitraria, puede sofocar la creatividad, desalentar las opiniones disidentes y obstaculizar el progreso del conocimiento y la cultura. La libertad de expresión es una piedra angular de las sociedades democráticas, ya que permite el debate abierto, el desafío de ideas y la celebración de diversas perspectivas. Etiquetar la censura como obscena pone en duda la moralidad de suprimir información y puntos de vista, especialmente cuando la censura se ejerce para silenciar a la oposición, las minorías o las ideas impopulares. Nos recuerda que el verdadero delito puede residir en el acto de supresión en sí y no en el contenido que se suprime. Una sociedad que permite que florezca la censura corre el riesgo de volverse opresiva, con el poder de definir lo que es aceptable y lo que no, a menudo basándose en estándares morales o políticos subjetivos. La esencia de una sociedad libre es su capacidad para afrontar sus defectos y aprender de sus errores, a menudo permitiendo que se expresen ideas incómodas o controvertidas. Silenciar estas ideas en nombre de la moralidad o el decoro puede conducir al estancamiento intelectual y socavar los derechos fundamentales que sustentan la libertad democrática. Por lo tanto, adoptar un discurso abierto, incluso cuando resulte incómodo, es vital para un auténtico progreso y justicia.