En el libro de Adam Gopnik "París a la luna", distingue entre dos tipos de viajeros. El primer tipo es el observador más casual, alguien que explora destinos para apreciar las vistas y las experiencias que encuentran. Este viajero disfruta del viaje sin una agenda específica, lo que permite que la espontaneidad guíe su exploración.
Por el contrario, el segundo viajero posee una visión o objetivo claros que pretenden lograr durante su viaje. Aunque este enfoque puede ser más desafiante, a menudo conduce a ideas más profundas y una comprensión más rica del destino. Gopnik sugiere que si bien ambos viajeros pueden disfrutar de sus viajes, el que tiene una intención intencional percibe más significado en sus experiencias.