Ya disponemos -gracias a la tecnología, al desarrollo, a las capacidades y a la eficiencia de nuestro trabajo- de recursos suficientes para satisfacer todas las necesidades humanas. Pero no tenemos suficientes recursos, y es poco probable que los tengamos alguna vez, para satisfacer la codicia humana.
(We already have - thanks to technology, development, skills, the efficiency of our work - enough resources to satisfy all human needs. But we don't have enough resources, and we are unlikely ever to have, to satisfy human greed.)
Esta cita llama la atención sobre la paradoja central del progreso y el consumo humanos. Destaca que los avances tecnológicos, la mejora de las habilidades y el aumento de la eficiencia han dotado a la humanidad de recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas. En un mundo ideal, ese progreso conduciría a una distribución equitativa, poniendo fin a la pobreza y el hambre. Sin embargo, la cruda realidad es que la abundancia producida a menudo alimenta la codicia más que el bienestar. Este deseo insaciable de más (ya sean posesiones materiales, estatus o poder) crea un ciclo en el que los recursos se desvían continuamente para satisfacer antojos temporales o superficiales, en lugar de abordar necesidades humanas fundamentales. La noción entra en conflicto con los principios del desarrollo sostenible y plantea preguntas críticas sobre las prioridades sociales. Nos insta a reflexionar sobre si nuestros sistemas económicos y valores culturales promueven un crecimiento equitativo o perpetúan el consumo impulsado por la codicia. La cita también nos invita a considerar el papel de la tecnología, no solo como una herramienta para aumentar la eficiencia sino como un catalizador para resultados potencialmente equitativos o explotadores dependiendo de su aplicación. Sirve como un aleccionador recordatorio de que el progreso suele ser de doble filo; puede aliviar el sufrimiento o profundizar la desigualdad. En última instancia, desafía a los individuos, las comunidades y los formuladores de políticas a repensar cómo se asignan los recursos y a centrarse en fomentar valores que frenan la codicia y promueven la realización humana genuina, el desarrollo sostenible y la equidad social.