Es una experiencia poderosa, cagando. Hay algo mágico en ello, incluso profundo. Creo que Dios hizo que los humanos cagaran como lo hacemos nosotros porque eso nos devuelve a la tierra y nos da humildad. No me importa quién seas, todos cagamos igual. Beyoncé se caga. El Papa caga. La Reina de Inglaterra caga. Cuando cagamos olvidamos nuestros aires y nuestras gracias, olvidamos lo famosos o lo ricos que somos. Todo eso desaparece. Nunca eres más tú mismo que cuando estás cagando. Tienes ese momento en el que te das cuenta: 'Este soy yo'. Esto es lo que soy.'
(It's a powerful experience, shitting. There's something magical about it, profound even. I think God made humans shit in the way we do because it brings us back down to earth and gives us humility. I don't care who you are, we all shit the same. Beyoncé shits. The pope shits. The Queen of England shits. When we shit we forget our airs and our graces, we forget how famous or how rich we are. All of that goes away. You are never more yourself than when you're taking a shit. You have that moment where you realize, 'This is me. This is who I am.')
[Tomarse un momento para reflexionar sobre algo tan universalmente mundano como la defecación revela verdades profundas sobre la igualdad y la humildad humanas. Como sugiere Trevor Noah, el acto de excreción elimina el estatus social, la riqueza, la fama y las pretensiones. Estos puntos en común nos recuerdan que debajo de las capas de la jerarquía social, todos somos fundamentalmente iguales. En cierto modo, hay una autenticidad íntima que emerge en momentos tan personales; expone la vulnerabilidad y la igualdad simultáneamente. El humor y la franqueza de reconocer la naturaleza divina o profunda de una actividad tan básica sirven para suavizar nuestras pretensiones y recordarnos nuestra experiencia humana compartida. Este reconocimiento puede fomentar la humildad y la compasión, ya que enfatiza que a pesar de nuestras diferencias, ya sean materiales, espirituales o sociales, ciertos aspectos de nuestra existencia física son universales. Al explorar esto, uno podría encontrar un aprecio más profundo por la humildad, al darse cuenta de que incluso aquellos en la cima del poder y la fama están sujetos a las mismas funciones humanas básicas. Tales reflexiones pueden desafiar nuestras narrativas sociales de superioridad e inspirar un respeto más genuino por todos, independientemente de su estatus. Es un recordatorio de que la autenticidad y la humildad están ligadas a aceptar nuestra humanidad compartida, incluidas nuestras experiencias más mundanas y naturales. Y al hacerlo, podemos cultivar un mayor sentido de empatía, reconociendo que, bajo todas las fachadas sociales, todos somos iguales en nuestra vulnerabilidad y humanidad.