Nombrar es un privilegio de la razón y competencia de los matones. Nombramos domar y mutilar; para honrar a los grandes, a los muertos y a nosotros mismos.
(Naming is a privilege of reason and the province of bullies. We name to tame and to maim; to honor the great, the dead, and ourselves.)
Esta cita destaca el poderoso y a menudo polémico acto de nombrar. Sugiere que dar un nombre a las cosas es un proceso racional, pero que también puede utilizarse indebidamente para ejercer control o dominancia, como el acoso. Nombrar da forma a la percepción y puede honrar o dañar. Cuando nombramos, atribuimos significado, pero también asumimos la responsabilidad de cómo ese significado influye en los demás. Esto nos recuerda que debemos ser conscientes de los nombres que damos y las historias que promovemos, reconociendo que el lenguaje ejerce una influencia más allá de las meras etiquetas. Nos empuja a reflexionar sobre cómo nombrar puede ser un acto de respeto o una herramienta de opresión, instando a tomar conciencia del peso que tienen nuestras palabras.