En ninguna parte está escrito que deba haber un conflicto entre Estados Unidos y China.
(Nowhere is it written that there must be conflict between the United States and China.)
Esta cita resalta la importancia de elegir la diplomacia, la cooperación y el entendimiento mutuo en lugar del conflicto entre dos de las naciones más influyentes del mundo. Históricamente, las relaciones internacionales a menudo han estado determinadas por los conflictos y la competencia, pero la declaración nos recuerda que esos resultados no están predeterminados. Enfatiza la capacidad de acción de los líderes, los formuladores de políticas y los ciudadanos para dar forma a un futuro diferente, uno basado en la colaboración más que en la confrontación. En el mundo interconectado de hoy, los conflictos entre las principales potencias no sólo afectan a esas naciones, sino que tienen efectos en cadena en las economías globales, las dinámicas de seguridad y el bienestar humano. La noción de que el conflicto es inevitable puede servir como una profecía autocumplida; por lo tanto, es vital fomentar el diálogo y buscar puntos en común. Lograr una coexistencia pacífica requiere esfuerzo, comprensión y, a veces, compromiso de ambas partes. Fomenta una mentalidad de compromiso constructivo en la que los desacuerdos pueden abordarse mediante la negociación en lugar de la hostilidad. En última instancia, esta cita evoca una perspectiva esperanzadora: sugiere que mediante la diplomacia y la buena voluntad se pueden aliviar las tensiones y lograr resultados cooperativos. Nos recuerda que en el escenario internacional, nuestro futuro no lo dicta el destino sino las decisiones que tomamos hoy. Adoptar esta perspectiva promueve una comunidad global más pacífica y cooperativa, alineándose con los intereses compartidos de la humanidad en lugar de sucumbir al ciclo destructivo de conflicto y rivalidad.