Los pobres tienen que trabajar frente a la majestuosa igualdad de la ley, que prohíbe tanto a ricos como a pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan.
(The poor have to labour in the face of the majestic equality of the law, which forbids the rich as well as the poor to sleep under bridges, to beg in the streets, and to steal bread.)
Esta cita destaca de manera conmovedora la paradoja de la igualdad jurídica en la sociedad. Expone una ironía cínica: si bien la ley impone el mismo conjunto de reglas a todos, independientemente de su riqueza, esta llamada "igualdad majestuosa" en última instancia no tiene en cuenta las realidades muy diferentes que enfrentan los ricos y los pobres. La ley prohíbe conductas como dormir bajo puentes, mendigar y robar pan por igual, pero las consecuencias de estas prohibiciones son mucho más graves para los desfavorecidos.
Los pobres deben cumplir leyes que criminalizan los actos impulsados por la pobreza simplemente porque las condiciones económicas los obligan a situaciones desesperadas. Deben trabajar y luchar sólo para sobrevivir, todo ello dentro de un marco legal que no tiene en cuenta sus necesidades fundamentales. Los ricos, por otra parte, existen en circunstancias en las que esas mismas restricciones rara vez son aplicables o amenazantes, lo que pone de relieve una igualdad jurídica que es más superficial que sustantiva.
Esta afirmación sirve como advertencia contra la noción simplista de que la justicia se logra simplemente aplicando las mismas reglas a todos. La verdadera justicia requiere una comprensión del contexto, los estratos sociales y la dignidad humana. Nos desafía a considerar cómo se podrían reformar o interpretar las leyes para lograr una equidad genuina en lugar de imponer una justicia general que, en realidad, perpetúa la desigualdad. Por tanto, la cita invita a reflexionar sobre la justicia social, el papel de la ley para abordar la pobreza y las responsabilidades éticas que las sociedades tienen hacia sus miembros más vulnerables.