Hay dos obstáculos principales en el camino hacia el dominio del arte de la oración. Si una persona obtiene lo que pide, su humildad está en peligro. Si no consigue lo que pide, es probable que pierda la confianza. De hecho, no importa si la oración parece tener éxito o fracasar, la humildad y la confianza son dos virtudes absolutamente esenciales.
(There are two main pitfalls on the road to mastery of the art of prayer. If a person gets what he asks for his humility is in danger. If he fails to get what he asks for he is apt to lose confidence. Indeed no matter whether prayer seems to be succeeding or failing humility and confidence are two virtues which are absolutely essential.)
Esta cita destaca el delicado equilibrio que implica la práctica espiritual de la oración. Sugiere que alcanzar la maestría en la oración no se trata simplemente de pedir lo que deseamos, sino de cultivar la humildad y mantener la confianza independientemente del resultado. Cuando uno recibe lo que se pide, podría fomentar la arrogancia o un sentido de autosuficiencia, poniendo así en peligro la humildad, una virtud esencial en muchas tradiciones espirituales que enfatiza el reconocimiento de la dependencia de uno de un poder superior y las limitaciones del control personal. Por el contrario, si la oración parece no ser respondida, existe el riesgo de que disminuya la confianza en la propia fe o en lo divino, lo que puede llevar a la duda o la desesperación. Por lo tanto, esto enseña que la verdadera maestría espiritual requiere un estado interior estable, uno arraigado en la humildad que nos mantiene firmes y una confianza inquebrantable que fomenta la resiliencia y la confianza. Estas virtudes sirven como armadura espiritual contra los cambios de estados emocionales y mentales asociados con el éxito y el fracaso en la oración. En la vida cotidiana, este concepto refleja cómo manejamos las expectativas y los resultados: reconocer que el éxito no debe inflar nuestro ego y el fracaso no debe disminuir nuestra fe. Desarrollar humildad y confianza nos ayuda a afrontar los desafíos con un corazón abierto y una mente firme, fomentando el crecimiento no sólo en las prácticas espirituales sino también en el carácter general.