En "El perro que entró del frío" de Alexander McCall Smith, el personaje Eddie adopta una personalidad caprichosa al ponerse la gorra de un capitán de la Marina Mercante griega. Pasa sus mañanas en el puerto deportivo, tratando de afirmar la autoridad sobre el personal dándoles órdenes. Sus interacciones son alegres, con el personal reconociendo con humor con la frase "Seguro, Capitán Eddie".
A pesar de los intentos de Eddie de ordenar el respeto, el personal a menudo ignora sus solicitudes, sin embargo, sigue sin darse cuenta de su indiferencia. Este arreglo lleva a una sensación de satisfacción mutua, ilustrando una dinámica divertida donde Eddie encuentra alegría en su capitanía, mientras que los que lo rodean lo ignoran juguetonamente.