En el sistema pitagórico, pensar en números o hacer matemáticas era una tarea inherentemente masculina. Las matemáticas estaban asociadas con los dioses y con la trascendencia del mundo material; las mujeres, por su naturaleza, supuestamente estaban arraigadas en este último reino más bajo.
(In the Pythagorean system, thinking about numbers, or doing mathematics, was an inherently masculine task. Mathematics was associated with the gods, and with transcendence from the material world; women, by their nature, were supposedly rooted in this latter, baser realm.)
Esta cita destaca una perspectiva histórica significativa sobre el género y las actividades intelectuales, particularmente dentro de las primeras tradiciones filosóficas como el sistema pitagórico. La asociación de las matemáticas con la masculinidad y la divinidad ilustra cuán profundamente las construcciones culturales han influido en nuestra comprensión del conocimiento y su accesibilidad. Nos recuerda que tales distinciones no se basaban en capacidades intelectuales inherentes, sino que eran fabricaciones culturales destinadas a justificar roles y jerarquías sociales.
Al reflexionar sobre esto, resulta sorprendente considerar la naturaleza arbitraria de estos prejuicios y cómo han suprimido las contribuciones de las mujeres a campos como las matemáticas y las ciencias a lo largo de la historia. La idea misma de que las matemáticas son una cuestión de trascendencia y masculinidad elimina la posibilidad de una ilustración inclusiva y niega la universalidad del esfuerzo intelectual. Hoy entendemos que la capacidad y la pasión matemáticas no son rasgos de género sino humanos, accesibles a todos.
La relegación histórica de las mujeres al “mundo material” y la negación de su capacidad intelectual sirven como un poderoso recordatorio de la necesidad de desafiar los estereotipos perdurables. Los esfuerzos para desmantelar estas opiniones obsoletas siguen siendo cruciales para lograr una verdadera igualdad en la educación y los campos profesionales. En última instancia, esta cita nos anima a cuestionar los fundamentos de los prejuicios sobre el género y el intelecto e inspira una reflexión continua sobre cómo la historia da forma, para bien o para mal, a nuestras suposiciones e identidad colectivas.