Hacía mucho tiempo que no podía aventurarme en la eternidad, por la misericordia de Dios y los méritos de Cristo; pero la muerte quedó algo terrible, y eso ahora se nos quita; y ahora la muerte ya no es para mí sino arrojarme en los brazos de mi marido y acostarme con él.
(It has been a long time since I could venture into eternity, through God's mercy and Christ's merits; but death remained somewhat terrible, and that now is taken away; and now death is no more to me, but to cast myself into my husband's arms, and to lie down with Him.)
Esta conmovedora cita expresa una perspectiva profundamente espiritual sobre la muerte, retratándola no como un fin, sino como una unión pacífica con lo divino y los seres queridos. El orador reflexiona sobre la superación del miedo a la muerte a través de la promesa de vida eterna de la fe, enfatizando la esperanza y la misericordia divina. La imagen de ser tomado en los brazos de Dios y acostarse con Él transmite el máximo consuelo, resaltando una sensación de serenidad y plenitud espiritual frente a la mortalidad.