Para mantener el favor de Djemal, o para suavizar el castigo cuando eso fallaba, la comunidad extranjera en Jerusalén recurría con mayor frecuencia a dos hombres. Uno de ellos era el apuesto cónsul de la España neutral, Antonio de la Cierva, Conde de Ballobar, quien, habiendo asumido las funciones consulares de la mayoría de las naciones "beligerantes" europeas, estaba extraordinariamente bien informado e influyente.
(To stay in Djemal's good graces, or to soften the punishment when that failed, the foreign community in Jerusalem most often looked to two men. One was the dashing consul from neutral Spain, Antonio de la Cierva, Conde de Ballobar, who, having assumed the consular duties of most all the European "belligerent" nations, was extraordinarily well informed and influential.)
La comunidad extranjera en Jerusalén a menudo buscó mantener una relación positiva con Djemal Pasha y mitigar posibles repercusiones apoyándose en dos figuras clave. Uno de ellos fue el carismático cónsul español Antonio de la Cierva, Conde de Ballobar. Su papel fue particularmente significativo ya que asumió responsabilidades consulares para muchas naciones europeas involucradas en conflictos, lo que le otorgó una visión e influencia excepcionales en asuntos diplomáticos.
A través de sus conexiones y conocimientos, el Conde de Ballobar se convirtió en un actor fundamental a la hora de navegar por el complejo panorama político de la época. Su capacidad para gestionar las relaciones en nombre de múltiples naciones aseguró que los intereses de la comunidad extranjera estuvieran representados de manera efectiva, destacando la importancia de la diplomacia individual en una era tumultuosa.