Cuando pospones las cosas, es más probable que dejes que tu mente divague. Eso le brinda más posibilidades de toparse con lo inusual y detectar patrones inesperados.
(When you procrastinate, you're more likely to let your mind wander. That gives you a better chance of stumbling onto the unusual and spotting unexpected patterns.)
La procrastinación a menudo se ve negativamente, como un retraso o evitación de tareas. Sin embargo, esta cita resalta un posible lado positivo: cuando posponemos las cosas, nuestra mente tiende a divagar, lo que sin darnos cuenta puede llevarnos a ideas creativas y patrones innovadores que de otro modo podrían pasarse por alto. La red de modo predeterminado del cerebro, que se activa durante períodos de descanso y libre pensamiento, juega un papel crucial aquí. Durante estos momentos de divagación mental, se establecen conexiones subconscientes, desenterrando ideas justo debajo de la superficie de la conciencia. Esto sugiere que permitirnos un tiempo de inactividad deliberado o una procrastinación ocasional puede fomentar la creatividad y las habilidades para resolver problemas. En lugar de criticarnos por retrasar tareas, podríamos ver estos momentos como oportunidades para la exploración mental. Este enfoque fomenta una perspectiva más empática hacia la productividad, reconociendo que nuestros momentos de distracción no son mera pereza, sino procesos vitales que pueden mejorar nuestra comprensión e innovación. Aceptar la mente errante también puede aliviar cierta presión para ser siempre productivo, abriendo espacio para los descubrimientos inesperados que a menudo surgen de momentos de inactividad. Esto se alinea con muchos avances creativos y científicos realizados históricamente durante períodos de pensamiento relajado. Por lo tanto, integrar la procrastinación consciente o el tiempo de inactividad no estructurado en nuestras rutinas podría ser beneficioso para desbloquear el potencial que el esfuerzo estructurado por sí solo no puede lograr. ---Adam Grant---