En su trabajo "Pequeña maravilla", Barbara Kingsolver reflexiona sobre la naturaleza dual de la escritura como un proceso de curación difícil y difícil. Ella expresa que la escritura sirve como una salida personal en tiempos de crisis, similar a una forma de donación de sangre, donde las palabras pueden tener un impacto significativo. Esta metáfora enfatiza la importancia de la expresión durante los períodos desafiantes.
Kingsolver espera que sus palabras escritas perduren mucho más tiempo que la vida temporal de una donación de sangre. Ella transmite un sentido de urgencia con respecto a la relevancia de estas reflexiones, ya que las crisis personales y sociales a menudo se superponen y se extienden con el tiempo. El acto de escritura se convierte en un medio de afrontamiento y conexión, con el deseo de resonar mucho más allá de su contexto original.