El miedo es una emoción subestimada. Y es por eso que creo que es muy peligroso tratar de mimar a los niños con esto. Tan bueno es un susto saludable como una risa saludable. De hecho, son dos caras de la misma moneda. Existe el deseo de protegerse de los golpes y baches de la realidad.
(Fear is an underrated emotion. And that's why I think it's very dangerous to try and cosset children from it. A healthy scare is as good as as a healthy laugh. In fact, they're two sides of the same coin. There is a desire to shield from the knocks and bumps of reality.)
El miedo a menudo se ve únicamente como una emoción negativa que debe evitarse a toda costa; sin embargo, desempeña un papel crucial en el desarrollo y la supervivencia humanos. Reconocer el miedo como una emoción subestimada y quizás infravalorada nos invita a reconsiderar su propósito. Cuando se protege excesivamente a los niños del miedo y la incomodidad, se pierden experiencias esenciales que les enseñan resiliencia, coraje y la capacidad de afrontar los desafíos de forma eficaz. Una dosis saludable de miedo, como la risa, es intrínseca para comprender los límites de la seguridad y el riesgo. Fomenta la precaución sin paralizar la acción, fomentando el crecimiento a través de la adversidad. Proteger a los niños de todos los momentos incómodos puede protegerlos momentáneamente, pero también puede obstaculizar su capacidad para desarrollar mecanismos de afrontamiento, independencia y fortaleza emocional. Enfrentar y gestionar el miedo permite a las personas generar confianza, adaptarse a circunstancias imprevistas y desarrollar una perspectiva realista del mundo que les rodea. Aceptar un "susto saludable" no sólo desmitifica el miedo sino que también prepara a los niños para las inevitables dificultades de la vida, en contraste con un entorno excesivamente saneado que puede infundir miedo a lo desconocido o al fracaso mismo. En última instancia, fomentar una visión equilibrada del miedo como una emoción natural e instructiva puede formar la base de un individuo resiliente y seguro de sí mismo. Se trata de comprender que el miedo, como la risa, es un componente vital de una experiencia humana auténtica y plena.