El odio está mal y no tiene cabida en el gobierno ni en la política.
(Hatred is wrong and has no place in government or politics.)
La idea de que el odio debería excluirse del ámbito del gobierno y la política resuena fuertemente con los principios fundamentales de la gobernanza ética. A menudo se considera que la política es un campo de batalla de ideologías e intereses, pero el motivo subyacente siempre debe ser la búsqueda del bien común y no el fomento de la animosidad. Cuando el odio se introduce en el discurso político, deshumaniza a los oponentes, alimenta la división y erosiona la confianza dentro de la sociedad. Puede conducir a lo que Maquiavelo podría advertir como un ciclo destructivo en el que la animosidad engendra violencia, y luego la violencia engendra más odio, desestabilizando en última instancia a las instituciones y dañando a los ciudadanos.
En las sociedades democráticas, el poder debe ejercerse con integridad y las políticas deben formularse a través del diálogo constructivo, la empatía y la comprensión. El odio inhibe este proceso; desdibuja la línea entre el debate de principios y el ataque personal. Tanto los líderes como los ciudadanos deben reconocer que fomentar el amor y la comprensión puede salvar las divisiones y conducir a resoluciones y cohesión social más sostenibles. Cuando el conflicto político se basa en el respeto mutuo y no en el odio, la gobernanza se vuelve más transparente, responsable y eficaz.
Esta cita nos recuerda la importancia de la integridad en la política. Es un llamado a la autoconciencia entre quienes están en el poder y quienes participan en los debates cívicos. Rechazar el odio no significa ignorar los problemas o la oposición, sino elegir un compromiso respetuoso en lugar de la hostilidad. Al priorizar la compasión y el discurso racional, defendemos los valores democráticos y nos esforzamos por lograr una sociedad donde los conflictos se resuelvan mediante el diálogo, no el odio, haciendo que nuestros gobiernos sean más justos, nuestra política más saludable y nuestras comunidades más resilientes.