Si Dios tuviera que darle arrugas a una mujer, al menos podría habérselas puesto en las plantas de los pies.
(If God had to give a woman wrinkles, He might at least have put them on the soles of her feet.)
Esta cita sugiere con humor que los signos del envejecimiento, como las arrugas, podrían ubicarse con mayor consideración donde son menos visibles. Destaca las percepciones sociales de la belleza y el énfasis, a menudo injusto, que se pone en la apariencia juvenil, especialmente en el caso de las mujeres. La ironía enfatiza cuán superficiales pueden ser los juicios sobre el envejecimiento y nos invita a reflexionar sobre la importancia de las cualidades internas más que de las apariencias externas. Al reconocer el tono divertido, también nos recuerda que el envejecimiento es una parte natural de la vida y tal vez debería abordarse con un poco más de humor y aceptación.