Personalmente, no tengo nada en contra del trabajo, especialmente cuando lo realiza otra persona, de forma silenciosa y discreta. Simplemente no creo que sea un tema apropiado para una "ética".
(Personally, I have nothing against work, particularly when performed, quietly and unobtrusively, by someone else. I just don't happen to think it's an appropriate subject for an 'ethic.')
Esta cita aborda los matices del trabajo que a menudo se pasan por alto y la ética que lo rodea. Ehrenreich parece reconocer que el trabajo en sí, especialmente cuando se hace con diligencia y sin complicaciones, es generalmente benigno o incluso digno de elogio. Sin embargo, plantea un punto interesante sobre los juicios morales o éticos que hacemos sobre el trabajo como concepto. La idea de que el trabajo debería estar sujeto a una "ética" sugiere intentos sociales de moralizar o idealizar ciertos tipos de trabajo, a veces hasta el punto de justificar la explotación o la inacción si el trabajo se considera "ético". El sentimiento de Ehrenreich insinúa una visión pragmática: el trabajo, en sí mismo, no es inherentemente virtuoso ni condenable; es un medio para un fin, una necesidad o incluso una fuente de dignidad dependiendo del contexto, pero no debería cargarse con un peso moral que complique la evaluación directa de su valor. Esta perspectiva nos alienta a reconsiderar cómo la sociedad eleva ciertas ocupaciones o prácticas laborales, muchas veces a expensas de una evaluación crítica de las condiciones, la equidad o la importancia del trabajo realizado. También invita a reflexionar sobre las construcciones sociales que convierten el trabajo en un ámbito moral, lo que posiblemente conduzca a una culpa debilitante o a elogios injustificados. Reconocer que el trabajo es simplemente una actividad humana (a veces necesaria, a veces satisfactoria, pero no inherentemente moral o inmoral) puede ayudar a fomentar un discurso más honesto y menos crítico sobre las prácticas laborales y las contribuciones personales. Esta postura podría conducir a políticas más pragmáticas centradas en la justicia y la dignidad en lugar de juicios morales que a menudo se utilizan para defender o criticar ciertos tipos de trabajo.